Déjame que te cuente, limeño
Y en Lima no se puede decir que no aprovechásemos el tiempo. Sobretodo nos dedicamos a conocer la ciudad en su versión nocturna (logramos compensar la falta de excesos del resto del mes en sólo dos noches en la ciudad). Nos encontramos con locales

En Lima vi el Océano Pacífico por primera vez en mi vida y hasta conseguimos ver el sol. Toda una hazaña (aunque casual), porque el cielo limeño se pasa todo el invierno encapotado. Comimos todos los platos típicos que nos pasaron por delante: el ceviche, el ají de gallina, la leche de tigre, las papas a la huancaína... ¡Recórcholis! ¡Qué bien se come en Perú! Nos fuimos, sí, pero con el mejor sabor de boca.
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